
Cass
Diecisiete años y furiosa, en el buen sentido
Categoría de voz
Los personajes adolescentes sostienen casi toda la ficción juvenil, el anime y el drama escolar, y son los más fáciles de errar: si el reparto queda muy abajo suena a caricatura, si queda muy arriba se cae la premisa entera. En español no hay voces adolescentes de verdad: estos personajes los interpretan las voces más jóvenes que tiene el motor, que suenan más a diecisiete o diecinueve que a catorce, así que la edad la tiene que terminar de marcar la escritura.

Cass
Diecisiete años y furiosa, en el buen sentido

Koji
Rival con un máximo de dos palabras por frase

Aria
La que se ofrece antes de pensarlo

Tess
Seca, plana, nada le impresiona
Las muestras son provisionales mientras se produce el audio de demostración público. Todas las voces están en todos los planes: la biblioteca no es el muro de pago.
Las voces adolescentes son físicamente distintas de las infantiles y de las adultas: el rango ya se asentó pero la resonancia no, y los patrones de habla son más rápidos y más cortados que en cualquiera de las franjas vecinas. Los motores de texto a voz casi siempre se han saltado esta franja, incluido el que está detrás de esta biblioteca, y ofrecen voces de niño y voces de adulto con poco en medio, y por eso tanto audio juvenil hecho por aficionados tiene adolescentes que suenan de treinta. Aquí tampoco hay voces adolescentes de verdad, en ningún idioma: los personajes adolescentes los hacen las voces adultas más jóvenes del motor.
Por eso el ritmo pesa tanto. Reparte con la voz más joven que encaje, escribe frases cortas y cortadas, y muchos problemas desaparecen solos: un diálogo que sonaba acartonado suele leerse natural en el ritmo de alguien de diecisiete, porque ese es el ritmo en que estaba escrito.
La ficción juvenil se mueve por postura: quien esquiva todo con bromas, quien no dice nada, quien es sinceramente entusiasta hasta la vergüenza ajena. En prosa se leen como personas distintas porque se ven sus elecciones de palabras. En audio solo se leen como distintas si las voces traen energías de reposo distintas.
Fija una vez la emoción de reposo de cada personaje y después dirige las excepciones línea por línea. El arco emocional de casi toda escena juvenil es un tramo largo de neutro y dos líneas que lo rompen, y marcar exactamente esas dos líneas es más eficaz que empujar la escena entera hacia el drama.
Los tres usos que dominan son el audio de fans de anime y manga, las escenas de personajes originales que circulan en comunidades de dibujo y escritura, y el microdrama vertical, donde las historias de ambiente escolar son uno de los géneros de mayor volumen del mundo y donde el mercado hispanohablante ya es de los grandes. Los tres se producen rápido, en cantidad, casi siempre por una sola persona, y los tres se benefician de poder volver a renderizar una escena después de una reescritura en vez de agendar una sesión.
Las novelas visuales son un cuarto caso, un poco distinto: ahí las voces adolescentes llevan cientos de líneas cortas ramificadas en vez de escenas continuas, y un reparto estable importa más que la dirección, porque lo que el público nota es la consistencia entre ramas.
Las voces adolescentes sintéticas convencen en conversación y convencen menos en los extremos. Gritar de un lado a otro de una habitación, llorar a mitad de una frase, reírse mientras se habla: son eventos físicos, y los modelos los aproximan en vez de reproducirlos. Escribe esquivando los extremos cuando puedas, y cuando no puedas, considera grabar tú esas líneas concretas y montarlas.
No es una limitación permanente, pero es la actual, y es mejor planear alrededor de ella que descubrirla en la mezcla final.
Quince y diecinueve son instrumentos distintos. Decide en qué extremo de la adolescencia está tu personaje, haz la audición con personajes de la biblioteca de esa franja y escribe el fraseo para esa edad: la voz va a sonar a joven, no a una edad exacta.
Las escenas adolescentes son escenas de grupo: amistades, un rival, alguien adulto que no entiende. Repártelas juntas para que el equilibrio del conjunto se vea desde el primer renderizado.
Casi todo personaje adolescente tiene un registro de reposo: aburrido, ansioso, a la defensiva. Déjalo como emoción por defecto del personaje y así solo tienes que dirigir las excepciones.
La ficción juvenil vive del momento en que cae la armadura. Marca esas líneas concretas como tristes o susurradas y deja todo lo de alrededor en neutro: el contraste hace el trabajo.
Tu público escucha en el altavoz del teléfono o en auriculares baratos. Revisa ahí la mezcla antes de publicar: las voces agudas y brillantes se comportan distinto en bocinas chicas.
No se le sube el tono a nada: los personajes adolescentes los interpretan las voces más jóvenes que tiene el motor, lo que evita la causa habitual de ese efecto, aunque se leen con más facilidad como de diecisiete que como de catorce. La otra pista es el fraseo: si escribes frases largas y formalmente estructuradas, cualquier voz va a sonar mayor de lo que querías.
Escribe la jerga como palabras normales y se va a decir con naturalidad. Las abreviaturas son más riesgosas: algunas se leen como palabra y otras se deletrean, y cuál te toca depende de la abreviatura. Revísalas una vez y, donde importe, escribe la abreviatura tal como se tiene que decir. Ojo también con el voseo: si tu personaje es rioplatense y escribes «vos tenés», se lee tal cual, pero conviene que sea una decisión y no un descuido.
Las voces que hay detrás de los personajes en español vienen de muchos lugares: en una misma escena puedes usar hasta treinta y dos voces distintas, veinte de ellas nativas, de España, de ocho países latinoamericanos y de Guinea Ecuatorial, y el resto multilingües. No puedes elegir la región de una voz: la que le toca a cada personaje depende de su género y su edad. Si tu historia necesita marcar una región concreta, hazlo con el léxico del guion, haz la audición del reparto y cambia de personaje de la biblioteca si un acento choca con la escena.
Para novela juvenil en primera persona, sí, y es una elección frecuente: la narradora es la protagonista, así que una voz adolescente es la correcta. Solo presupuesta más tiempo de revisión: las voces brillantes perdonan menos a lo largo de una hora que un narrador cálido de registro medio.
Sepáralos por ritmo y actitud antes que por tono. Dos voces con la misma energía se confunden por lejos que estén en tono, mientras que una voz rápida y ansiosa y otra lenta y a la defensiva se mantienen separadas aunque estén cerca en timbre.
Evita contenido sexualizado con personajes escritos como menores de edad: va contra nuestros términos sin importar cómo se haya hecho el audio, y las cuentas que lo generan se cierran.
Pega un guion, deja que CastDub le dé una voz propia a cada personaje y exporta un audiodrama terminado.
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